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El
proceso educativo concebido para la infancia,
la niñez y la adolescencia tradicionalmente
se ha encargado de transmitir experiencias de
generación en generación, sin tomar
en cuenta el rasgo que distingue al hombre del
resto de las especies animales: su educabilidad.
(ADAM.1987).
La Andragogía
-como ciencia de la educación de adultos-
no puede ser concebida como una extensión
del campo de acción de la Pedagogía,
pues sería imposible pretender aplicar
los conceptos, metodología, estructura
y organización de una ciencia concebida
para otro espacio vital.
El Sistema Educativo
Clásico resulta insuficiente e inadecuado
para modelar el proceso de aprendizaje y las necesidades
de conocimiento impuestas por los continuos cambios
y profundas transformaciones que sufre día
a día el mundo actual. Para representar
adecuadamente estas necesidades se requieren conceptos
educativos muy distintos a los actuales, mucho
más interrelacionados, capaces de ofrecer
visiones y explicaciones globales.
Hemos sido testigos
tradicionalmente de cómo se han realizado
esfuerzos considerables en el campo educativo
que han intentado inadecuadamente conducir un
cambio dentro de la educación. Los medios
han existido y se han desaprovechado por falta
de saber cómo insertarlos en un nuevo contexto.
Frente a los profundos problemas de los nuevos
tiempos: pobreza, abandono, hambre, contaminación,
desempleo, antidemocracia, represión; el
paradigma cartesiano en el que se ha visto inserta
la educación ha coartado la creatividad
y la capacidad de concebir una nueva sociedad
que sea capaz de proyectar al educando hacia el
futuro, hacia el desarrollo, hacia una nueva manera
de conocer, de pensar, de autoeducarse.
Vivimos en una
era de constante cambio. Día a día
la ciencia y la tecnología avanzan a pasos
agigantados. La vigencia de conocimientos, de
patrones estáticos, de estructuras rígidas
y acabadas, es cada vez más reducida. ¿Cómo
deben entonces las Instituciones educativas formar
al individuo de las nuevas generaciones?, ¿Cómo
pueden los maestros y formadores instruir y orientar
a una población infantil que está
evolucionando a la luz de un nuevo paradigma,
si como bien señaló Knowles "(..)
la enseñanza de los adultos ha consistido
en enseñarlos como si fueran niños?"
(KNOWLES.1967. cfr. ADAM 1987).
Félix Adam,
padre de la Andragogía, establece desde
esta ciencia, los fundamentos teóricos
para la formación de un nuevo individuo:
el que está preparado para los cambios,
el que puede ser innovador y creativo, profundamente
crítico y reflexivo, ese adulto formado
en diferentes dimensiones y en diferentes tiempos,
abierto para descubrir un mundo futuro de posibilidades
que en este instante, tal vez, ni siquiera imaginemos.
El reto para la
Andragogía como Ciencia de la Educación
de Adultos es integrar en un clima de competencia
y reflexividad realidades disímiles de
grupos y actores distintos, en un universo de
información que transite entre la identidad
y la diferencia, entre la unidad y la pluralidad,
campo abierto para la producción, la creación,
la innovación, la trasgresión de
lo cotidiano, la defensa de lo auténtico;
que logre integrar de manera armoniosa los rasgos
interdisciplinarios de los participantes y que
esto pueda constituir un punto fuerte y no una
limitación. Un espacio abierto a la transdiscursividad,
al reconocimiento de las redes intersubjetivas,
a implosiones y explosiones cognitivas, proyectado
sobre un horizonte móvil, revolucionario
y revolucionado en un espacio abierto al cambio,
a la concepción de una nueva forma de concebir
el aprendizaje que le permita al educando desplegar
su vuelo y llegar tan lejos como sus propias alas
le permitan volar. |
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