Como en todos los ámbitos de la modernidad y la
automatización, los sistemas sufren el avasallamiento de
las tecnologías que no cesan de crecer, incorporando
para ello una producción masificante de dispositivos de
almacenamiento de increíbles densidades, o vehículos de
comunicación de velocidad casi ilimitada.
Las tendencias actuales vienen produciendo incansables
cambios progresivos en todas las metodologías de
sistemas. En el caso del diseño, el incremento
creciente de la complejidad obliga a limitar el tiempo
de los ciclos de vida y por ende el desarrollo de los
diseños, imponiendo al mismo tiempo la necesidad de
contemplar cierto grado de flexibilidad poco habitual en
los estándares de desarrollo de modo que permita,
además, aceptar posibles modificaciones o
actualizaciones en plazos más cortos que los normalmente
estimados.
Soluciones basadas en prestaciones crecientes en
términos de capacidad y velocidad y su intrínseca
flexibilidad en las opciones de implementación vienen
ganando terreno en el área de la llamada “computación
reconfigurable”, un nuevo paradigma de computación que
convierte a su vez a los sistemas en reconfigurables
tales que –una vez instalados– pueden ser dinámicamente
reconstruidos total o parcialmente debido a que utilizan
hardware cuya funcionalidad puede modificarse en tiempo
de ejecución, brindando enorme flexibilidad sin
comprometer el desempeño del resto del sistema.
Los reconfigurables, sistemas que combinan una
componente reconfigurable con un procesador tradicional,
pueden generar una configuración óptima para cada una de
las tareas que conforman una aplicación pero sin
interrumpir su operación, cumpliendo con sus
restricciones. y lo que es más espectacular, ubicando de
esa manera los elementos del hardware de un
sistema dentro de un único chip.
Las especiales cualidades
de estas arquitecturas representan una alternativa
inmejorable respecto de otros procesadores de propósito
general como los procesadores digitales de señal y los
Circuitos Integrados de Aplicación Específica, a los
cuales dejó atrás por su novedosa y explosiva capacidad
para aplicaciones de alto grado de paralelismo de datos
y requisitos de procesamiento de alto desempeño como
procesamiento de imágenes, video, señales, multimedia y
encriptación de datos.
El propósito más importante
de los sistemas reconfigurables es dejar la libertad de
adaptar el hardware a las aplicaciones que se
requieran. Las unidades básicas sobre la que se
construye esta arquitectura son los “bloques lógicos” y
una matriz configurable de conexiones en red sobre la
que se efectúa la transferencia de información y que
interconecta a esos bloques según la necesidad del
Programador.