Mientras
unos van en pos de la tecnología que permita llegar a los infinitos
confines del Universo (apenas hemos recorrido unos pocos millones
de kilómetros), otra parte grande del mundo de la Física y en
particular de la Cibernética está abriendo las puertas de la
hasta ahora impenetra-ble pequeñez de la materia.
Desde hace tiempo, los científicos crearon los prefijos Nano,
Pico, Femto y Atto para designar a los exponentes del Diez que
van desde el –9 hasta el –18. Ya se maneja la Nanotecnología, y
para avanzar hacia la siguiente profundidad, la Física se
enfrenta con la Mecánica Cuántica, que se ocupa de las
partículas en que está dividido el átomo y a la vez sus
subdivisiones el Electrón, el Quark y otra enorme variedad de
nombres en tanto que “Giga” forma parte del léxico popular.
Desde el primer circuito integrado de hace 40 años, la
computación se ha basado en la miniaturización creciente de sus
componentes con increíbles aumentos en la densidad de
transistores por chip. Se pueden fabricar chips de un cuarto de
micrón (millonésima de metro) conteniendo cerca de 200 millones
de transistores (sin contar lo que se tiene en laboratorios
para liberar en próximos años)
La Computación Cuántica aún se halla detectando y resolviendo
sus propios apasionantes proble-mas. El más importante es la
dificultad de mantener al bit cuántico, el Qubit, en un estado
tal que pueda almacenar
dos valores a la vez en lugar de uno solo como el bit binario.
Hay que superar el sistema de captura y refrescamiento del
impulso electrónico, normal según la Física clásica y que ni
siquiera se aprecia hoy en día como parpadeo del cursor ante el
manejo por el tacto; es que la mínima interacción con el entorno
obliga al qubit a adoptar valor Cero o Uno, anulándose la
posibilidad de efectuar cómputos en paralelo
En este punto la Mecánica Cuántica sostiene que cuando se trata
de observar y estudiar objetos del tamaño igual o menor que el
átomo, es imposible hacer observaciones objetivas que no
perturben de manera importante a dicho objeto. El principio que
rige en este caso se llama “De Incertidumbre de Heisenberg”, el
cual limita la precisión de cualquier observación sobre
partículas subatómicas pues se afecta de modo incontrolable el
equilibrio entre las diferentes variables que componen la
partícula. Dicho de otra manera, en el mundo del átomo se
pierden las trayectorias objetivas habituales de la experiencia
diaria.
Se ha logrado fabricar qubits con una duración de pequeñas
fracciones de segundos de vida manipulando los núcleos atómicos
de moléculas en una solución, y aún en estado sólido por medio
de metal y silicón, pero todavía no son fáciles de agrupar de
manera de explotar sus increíbles posibilidades de cómputo.
“Volarán”
los tiempos de proceso
Un artículo de la revista científica Science explicaba “la
posibilidad de manipular un qubit de modo de cambiar su estado
cada 100 femtosegundos (el femto vale 10 a la –15) de modo que
puedan efectuarse un millón de cambios de estado antes que ese
qubit se desapareciera, tiempo durante el cual el cual podría
realizar un trabajo útil. Para esos experimentos se usaron
pulsos de láser de diferente frecuencia para manipular
electrones en un material semiconductor, procurando que el espín
(rotación) de los diferentes electrones adoptara un mismo valor
para luego cambiar ese valor y medir el cambio. Esta habilidad
de manipular partículas subatómicas a tan alta velocidad parece
abrir posibilidades de fabricar qubits que puedan agruparse para
realizar trabajos específicos, en este caso, cálculos.”
A nivel de hardware, a medida que la información pase a ser
representada por partículas subatómicas en lugar de usar las
diferencias de voltaje de los componentes de la computadora, los
dispositivos tendrán que reconocer distintos fenómenos
cuánticos como los varios estados atómicos (niveles de energía),
o las diferentes formas de movilizaciones.
Pero lo más espectacular ocurre con los algoritmos, para los
cuales la computación cuántica abre posibilidades increíbles
como la disminución hipergeométrica en los tiempos de
procesamiento y la realización de operaciones en paralelo sin
necesidad de agregar procesadores a la máquina. No debe
olvidarse que las partículas a esos niveles son consideradas
como “ondas que se propagan”, como si el electrón pudiera estar
en varias partes a la vez. Y como tales, las partículas pueden
experi-mentar interferencias no solo con otras partículas sino
consigo mismas. (Cuidado, nos estamos refiriendo a múltiples
procesadores en una misma máquina. . . )
La
Superposición “coherente”
Una amplia y esclarecedora interpretación de todo esto se toma
de la página web “Cuantum Computing”, vinculo desde la página “qubit.org”,
bajo el titulo “A short introduction to quantum computation (from
Un saut d’échelle pour les calculateurs), por Barenco, Ekert,
Sanpers y Machiavello, appeared in La Recherche, Nov 1996”.
Dice el artículo que “Por ejemplo, en los computadores
digitales, el voltaje entre dos placas en un capacitor
representa un bit de información: vale 1 si el capacitor está
cargado, 0 en caso contrario. Un bit de información puede ser
codificado usando dos polarizaciones diferentes de luz, o dos
estados diferentes en un átomo. Sin embargo, si usamos al átomo
como bit físico, entonces la mecánica cuántica nos dice que
además de los estados electrónicos ese átomo puede ser también
preparado en una superposición coherente de dos estados. Y eso
significa que el átomo se encuentra en estado 1 y en estado 0 al
mismo tiempo.”
Para tener noción de cómo un objeto cuántico puede estar en dos estados
a la vez, acudiremos a la siguiente experiencia: supongamos que
pudiéra-mos aislar una partícula de luz (llamada Fotón) y que la
reflejemos en repetidas ocasiones hacia uno de esos espejos que reflejan
exactamente el 50% de la luz mientras la otra mitad de la luz es
trasmitida directamente a través de él. ¿Dónde piensa el lector que está
el fotón después de su encuentro con el espejo, en el rayo reflejado o
en el rayo trasmitido? Sería sensible decir que tiene la misma
probabilidad de estar en uno u otro, en cuyo caso dicho fotón podría
elegir en forma random hacia qué camino ir.
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| Dr.
Rubens Arizmendi |
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Systems Engineer, Expert in Mathematics, Computation and
Systems. Ingeniero de la Universidad de Montevideo-Uruguay.
Studies in M.I.T. (USA). Doctor of
Science in Information Systems Engineering, Tecana American
University.
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Efectivamente, si colocamos dos fotodetectores detrás del semi-espejo en
líneas directas de los dos rayos, el fotón “debiera” ser detectado con
la misma probabilidad en uno u otro. Pero no es así: el fotón toma
los dos caminos a la vez.
Esto puede ser demostrado recombinando los dos rayos con la ayuda de dos
espejos completos y colocando otro espejo semireflector en el punto de
cruce de los rayos, y aún dos fotodetectores más en líneas directas con
ambos rayos (se trata de un esquema algo complicado pero fielmente
traducido del inglés). Y así podrá observarse un fenómeno de
interferencia cuántica realmente sorprendente.
Si se coloca una pantalla que absorba el fotón en la línea de
cualquiera de ambos caminos, se podrá observar que ambos detectores
vuelven a ser activados en forma intermitente, lo que dicho en lenguaje
técnico, significa que el fotón se halla en “superposición coherente”
para ser trasmitido en uno u otro rayo. Y en forma general un átomo
puede ser preparado en una superposición de dos estados electrónicos
diferentes y este sistema cuántico de doble estado se denominará
“quantum bit” o “qubit”. Concretando, un qubit puede ser codificado en
un momento dado, como un 1 y un 0 a la vez y en este caso no será
biestable sino de doble estado).
Para tener una idea numérica, si tenemos un registro clásico de tres
bits sólo podemos registrar un valor y uno solo de los 8 que van desde
el 000 hasta el 111; en cambio si es un registro cuántico de tres qubits,
por el fenómeno de la superposición cada uno puede estar en 0 o en 1, y
su capacidad de almacenamiento será de 8 valores a la vez. Luego,
L qubits podrán almacenar (2 elevado a la L números a la vez) y este
será el factor de multiplicación del almacenamiento cuántico.
Comparación impactante: si el registro fuera de 300 qubits, ese numero
superaría al de partículas en el mundo entero.
Miles de algoritmos “en paralelo”
En cuanto a algoritmos, sigue diciendo el referido informe:
“Como se pueden efectuar operaciones en todos esos números a la vez si
los qubits fuesen átomos, entonces adecuados pulsos de láser afectarían
sus estados electrónicos involucrando en diferentes superposiciones a
los números procesados, lo que generará una computación paralela masiva
en un solo dispositivo de hardware cuántico. Esto equivale a decir que
un computador cuántico puede en un solo paso computacional realizar la
misma operación matemática en (2 elevado a la L) diferentes inputs de
números codificados en superposiciones coherentes de L qubits.
Para cumplir esta misma tarea cualquier computador clásico debe repetir
la misma operación (2 elevado a la L) veces o tener esa misma cantidad
de procesadores diferentes trabajando en paralelo. En otras palabras, un
computador cuántico ofrece una ganancia enorme en el uso de los recursos
computacionales tales como memoria y tiempo. Esta necesidad de mayores
tiempo y memoria en niveles exponen-ciales hace que a medida que crecen
los dígitos de los valores procesados, las comparaciones resultarían
fabulosas. En un algoritmo corriente que factorice números enteros, si
este tiene 1.000 dígitos o más, la computación tomaría más tiempo que la
edad estimada del Universo. En cuántica, menos de una hora “. -
¿Impactante, no?
La historia de la computación cuántica comienza en 1982, cuando el
físico Rochard Feynman trabajó sobre la simulación de objetos
mecánico-cuánticos sobre otros sistemas cuánticos, pero el verdadero
poder de la nueva computación comenzó a verse cuando David Deutsch de la
Universidad de Oxford publicó un trabajo teórico crucial en el que
describía al computador cuántico. De ahí en adelante el tema fue una
curiosidad académica hasta que inesperadamente Peter Shor de los
laboratorios de AT&T Bell escribió el primer algoritmo cuántico de
factorización, llamado “la aplicación asesina”.
Existen ya algunas realidades teóricas: en materia de encriptado, el
computador cuántico tumba la base de los métodos actuales (el tiempo de
descifrado) y hará obsoletos todos los métodos conocidos. En suma, todos
los procesos de la información experimentarían una auténtica revolución
afectando las tecnologías existentes.
Al día de hoy, la computación cuántica tiene muchos detractores, y
algunos con poderosas razones técnicas. Pero, la respuesta en favor de
esa “seudoutopía” es aquella “verdad científica” de que “ninguna
máquina más pesada que al aire podrá volar...” |